Y tú… ¿eres un buen mexicano?

Dr. José Carlos Vázquez Parra

Llegando las fechas patrias, es muy común encontrar a jóvenes que, siendo el 15 de septiembre, sacan a relucir toda su mexicanidad. Se pintan una bandera en la cara y se dicen orgullosos de sus raíces indígenas. Sin embargo, ¿qué pasa los otros 364 días del año? ¿Realmente comprendemos lo que significa ser un buen ciudadano mexicano? ¿Tendrá alguna relación esto con los problemas sociales que se viven usualmente en el país?

¿De quién es la culpa?
En una encuesta realizada a jóvenes universitarios, más de la mitad culpan al gobierno por las condiciones que se dan en México; otra parte culpa a las circunstancias internacionales, pero muy pocos tuvieron el valor de decir que la culpa era, en gran medida, por el bajo compromiso ciudadano que tenemos los mexicanos. Hay una frase que señala que la calidad de los ciudadanos es proporcional a la sociedad en la que se desenvuelven, lo que podríamos cuestionar sobre la verdadera razón de los problemas que tenemos en el país. Diría Denisse Dresser en su libro “El país de uno”, muchos mexicanos son ciudadanos conformistas y apáticos, ya que van por la vida siendo indiferentes a la vida pública, evitando la participación política y dejando en otros el rumbo y las decisiones que impactan al futuro de su país. Entonces, ¿De quién es la culpa?

Por otro lado, tenemos un muy vago concepto de lo que significa ser un buen ciudadano. En uno de los cursos que imparto le preguntaba a un grupo de profesores: para ustedes, ¿qué es ser un excelente estudiante? Varios de ellos señalaron que es aquél que siempre cumple con sus tareas; otros se enfocaron en aquéllos que ponen atención y nunca faltan; algunos simplemente dijeron que eran aquéllos que buscaban siempre dar lo mejor.

Pero, ¿acaso esto que ellos señalan no debería hacerlo cualquier estudiante, sin que por ello se le calificara de excelente? Uno de los mayores problemas que tenemos al calificar a un estudiante, al igual que a un trabajador, un hijo, un cristiano y, claro, un ciudadano, es que ponemos la vara de medición tan abajo, que prácticamente quien hace lo que debe ya es considerado como excepcional.

No es raro en nuestro país que las empresas tengan bonos de puntualidad para el que siempre llega a tiempo, o bonos de asistencia para los que nunca faltan, ¿Acaso esto no es una obligación del trabajador? Al final de cuentas, todo esto se une a una idea de mediocridad sostenida, en la que se aplaude al que hace lo que tiene que hacer, aunque en un principio debería hacerlo. Lamentablemente ningún país se beneficia de la promoción de la mediocridad, y mucho menos cuando esto permea a lo que se espera de su ciudadanía.

Según Adela Cortina, el ciudadano cosmopolita es aquel que hace lo que le corresponde, con responsabilidad y compromiso, sobre su función en la sociedad. Sin embargo, esto parece estar muy alejado de lo que en México tenemos por concepto de un buen ciudadano. Cuando somos niños, y nos encontramos en el sistema de educación básica, es común que cuando se habla de ciudadanos ejemplares, estos suelen relacionarse, casi de manera automática, con los héroes de la patria, mismos que representan lo que debería hacer un buen ciudadano. Sin embargo, ¿qué tan adecuado es llevar la buena ciudadanía a un nivel de heroísmo? ¿Acaso necesitamos aventarnos del castillo de Chapultepec para poder ser buenos ciudadanos? ¿Por qué los niños quieren ser como un héroe ficticio, y no como su maestra, el policía de la esquina de su escuela o el mismo presidente de la República? La respuesta es simple, porque resulta más fácil tener ejemplos irreales, que afrontar la verdad de que, en nuestro país, pocos nos responsabilizamos por hacer lo que debemos y, por ello, es difícil ejemplificar la ciudadanía.

Imagine usted un México en el que los policías llevaran a cabo su labor con excelencia, o donde los servidores públicos se enfocaran en apoyar plenamente a los usuarios; o bien, en donde los padres y madres fueran responsables de su labor y que los gobernantes vieran realmente por los intereses de la población. Ciertamente suena como una fantasía, pero esto sería un México en el que no necesitaríamos héroes de la patria, ya que cada uno, desde su trabajo, labor y oficio, sería un ejemplo de compromiso y de lo que debería ser un buen mexicano.

Si eres estudiante, sé un buen estudiante; si eres ama de casa, sé una excelente ama de casa; si eres un trabajador de oficina, esfuérzate cada día por hacer bien tu labor; incluso, si eres cristiano, busca ser un ejemplo de lo que significa serlo. Ser buen ciudadano no debe implicar un sacrificio irreal o fantasioso; debe simplemente obligarnos a realizar, de manera comprometida, el rol que nos corresponde en la sociedad.

En México no necesitamos héroes qué seguir si realmente todos hiciéramos lo que nos toca hacer, y lo hiciéramos bien. Debemos levantar la vara de medición de nuestra ciudadanía, tomar la responsabilidad que nos corresponde y ponernos la camiseta que nos identifica como mexicanos todo el año. Ser ciudadano no es cosa de las fiestas patrias, sino más bien de un actuar comprometido sobre la vida que llevamos cada uno de los 356 días del año.

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