Voz del Obispo

La Iglesia es esencialmente misonera

 


La Iglesia ha recibido el encargo de Jesús de llevar el Evangelio, la Buena Nueva, a todas las naciones, a todos los hombres y mujeres de la tierra y de todas las épocas: “me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos… y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 18-20; Cfr. Mc. 16, 15-18; Lc 24, 46-49; Jn, 20, 21-23).

El proyecto de Dios es que todos los hombres se salven y reunir a todos los hombres en una sola familia; por eso envió a su Hijo Jesús, para quitar el odio, que es el muro que nos separa. Y el Espíritu Santo, Don del Padre y del Hijo, mueve al grupo de los creyentes a “hacer Comunidad”, a ser Iglesia.

Sin embargo, en la actualidad existe todavía un gran número de hombres que desconocen el Evangelio; por ello es necesario preparar misioneros que lleven la Buena nueva a todos los lugares donde no se conoce a Cristo.
La Iglesia está al servicio del Reino, lo está mediante el anuncio del Kerigma, el anuncio que lleva a la conversión y a formar comunidades creyentes e instituyendo Iglesias particulares; llevando a la madurez de la fe y de la caridad, difundiendo en el mundo los valores evangélicos, colaborando en el progreso del país y promoviendo la dignidad y fraternidad de los hombres en la verdad de Cristo. Esto implica formar catequistas, clero nativo e instituciones sociales como testimonio de caridad.

Las misiones se realizan generalmente en las zonas más pobres del mundo, y sufren escasez de clero y de medios materiales, por ello necesitan de nuestra oración y ayuda económica.

A la obra misionera estamos llamados todos a colaborar. En primer lugar los Obispos, como sucesores de los Apóstoles, a promover en la Diócesis el sentido misionero, alentar las vocaciones y actividades misioneras; en segundo lugar los sacerdotes, que representan la persona de Cristo y son cooperadores del Orden episcopal en la triple función de la Iglesia: enseñar el Evangelio, santificar y pastorear al pueblo de Dios; en tercer lugar, la vida consagrada, fundando casas en territorios de misión para colaborar en la evangelización. Y, finalmente, los laicos, cooperando en las misiones despertando vocaciones, ofreciendo toda clase de ayuda; además, en los territorios de misión pueden enseñar en las escuelas, intervenir en los asuntos temporales y aportar su ayuda económica a los pueblos en vías de desarrollo.

Los invito a todos a orar y a colaborar con nuestra ayuda económica por las misiones, especialmente el Día Mundial de las Misiones, que este año es el domingo 22 de octubre. Dios los llene a todos de bendiciones.

+ Luis Artemio Flores Calzada
VIII Obispo de Tepic

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