Testimonio de un acontecimiento histórico

Ignacio Ruíz

 

“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo esté, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre le honrará” (Jn 12,26).
En una Misa dominical de enero 2011, el Señor me llamó al ministerio del diaconado al escuchar el comunicado del Obispo Ricardo Watty Urquidi, donde proclamaba que en nuestra diócesis se instauraría el Diaconado Permanente. Los requisitos eran: solicitud del aspirante, carta del párroco, carta de autorización de la esposa, tener 15 años de casado y haber cursado la Preparatoria.
En mayo del mismo año me acerqué a mi párroco para consultarlo al respecto, y me informó que la fecha límite para ingresar estaba por cumplirse. Y reunida la documentación me presenté junto con mi esposa con el sacerdote responsable de la formación.
La formación era mensualmente en Tepic y abarcaba cuatro dimensiones: humana, espiritual, académica y pastoral.
Siendo aspirante al Diaconado hice el curso propedéutico y fui aceptado como candidato en junio de 2012. Posteriormente cursé 3 años en el Instituto Bíblico Teológico en Puerto Vallarta, donde a la fecha sigo formándome. Además, para fortalecernos espiritualmente, tenemos un retiro anual.
Por sugerencia de mi formador, el padre Ramón González Ramos, hice una petición al Obispo Luis Artemio Flores Calzada para ser admitido al como aspirante al lectorado y al acolitado; fui aceptado y recibí los Ministerios: de Lectorado el 10 de febrero y de Acólito el 3 de junio de 2017, en la Catedral de Tepic; estos ministerios los he ejercido en la Parroquia de la Divina Providencia, en Puerto Vallarta.
En marzo de 2018 dirigí al Obispo la solicitud para ser admitido al Sacramento de Orden en el grado de los Diáconos; una vez realizados los escrutinios fui aceptado, y por gracia de Dios seré ordenado el próximo 26 de mayo.
Iniciamos aproximadamente 90 aspirantes, número que se redujo hasta quedar en 16, de los cuales sólo 7 seremos ordenados; y al perseverar experimenté la certeza de que estaba haciendo la voluntad de Dios.
En este proceso fui profundizando en mi identidad y compromiso bautismal, en mi sentido de pertenencia, y descubrí la riqueza de nuestra Iglesia como sacramento de salvación, así como la necesidad de darle continuidad a la misión de Jesús a través del servicio y de la caridad.
El tomar conciencia de todo lo que implica ser Diácono Permanente lo he logrado a través del apoyo fundamental de mi familia, de mi formador, de los maestros del Instituto, de mi director espiritual y de la comunidad parroquial. Y nuevamente respondo al llamado que Dios me ha hecho: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

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