Sentido auténtico de los Sacramentales

Pbro. José Refugio Angel Palomera

 

En el ejercicio pastoral ordinario de las parroquias, así como en la vivencia de la fe, recurrimos constantemente al uso de los sacramentales. Estos son celebraciones instituidas por la Iglesia como “signos sagrados mediante los cuales, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos sobre todo por la intercesión de la Iglesia, disponiéndose los hombres a recibir el efecto principal de los sacramentos, en las que además se santifican las diversas circunstancias de la vida” (Sacrosanctum Concilium n. 60).
Si damos una mirada con ojos pastorales –como es la misión propia de la Iglesia– nos daremos cuenta que en la vivencia y celebración de los sacramentales estamos necesitados de una catequesis muy bien elaborada y aplicada, para no caer en abusos, tanto por parte de los pastores como de los mismos laicos que formamos esta bella Diócesis de Tepic.

Sacramentales y Sacramentos

Los sacramentales más comunes son: las dedicaciones de altares e iglesias, la consagración de vírgenes, exequias, la exposición y bendición con el Santísimo, la coronación de imágenes, la imposición de ceniza, la adoración de la cruz, la veneración de las reliquias, la bendición de personas, de agua, sal, aceites, fuego, tierra, animales, construcciones, fábricas, negocios, hogares, etc.
Los sacramentales se diferencian de los sacramentos en que mientras los sacramentos son de institución divina, pues los ha instituido el mismo Jesucristo, los sacramentales son de institución eclesiástica, es decir, los ha creado la Iglesia.
Además, también hay diferencias en cuanto a los efectos. Los sacramentos producen la gracia “ex opere operato”, es decir, todo sacramento obra, tiene eficacia por el hecho de ser un acto del mismo Jesucristo; no obtiene su eficacia o valor esencial ni del fervor, ni de los merecimientos, ni de la actividad del ministro o del sujeto que recibe el sacramento. En cambio, los sacramentales obran “ex opere operantis Ecclesiae”, es decir, reciben su eficacia de la misión mediadora que posee la Iglesia, por la fuerza de intercesión que tiene la Iglesia ante Cristo que es su Cabeza. Dicho de otra manera, los sacramentales producen sus efectos por la fuerza intercesora de la Santa Iglesia.
Algo muy importante es que los sacramentos son necesarios para la salvación; los sacramentales, no.

Evitar la superstición y el fanatismo

Como vemos, qué importante es tener claridad y cuidado en el uso adecuado y la forma de celebrar los sacramentales, evitando en ello cualquier desviación que nos lleve a ver los sacramentales como meros actos prodigiosos, un tanto mágicos, que incluso nos conducen a concebirlos como actos de buena suerte, rayando ya en fanatismos.
Si a todo esto le añadimos otros intereses e ideologías, como la fama o el dinero, estamos en un escenario peligroso, donde ponemos en riesgo a un gran número de fieles cristianos que viven y celebran su fe desde una religiosidad popular, y aprovechándonos de ellos hacemos de los sacramentales una forma alienante de conciencias poco formadas y, otras veces, una manera de lucrar cayendo gravemente en simonías.
La insistencia en la participación demoníaca en el pecado del hombre ha hecho surgir numerosos pastores y pseudopastores que ofrecen “capelos” protectores y ahuyentadores de Satán, haciendo de los sacramentales algo mágico-divino al alcance de las manos populares.

Elementos de sana religiosidad

Aunque dichas celebraciones y costumbres supongan, a veces, bastante irreflexión y estén expuestas a errores o supersticiones, han prendido tan profundamente en el pueblo y encierran tantos elementos de verdadera religiosidad, que por nada podemos renunciar a ellas.
Los sacramentales santifican una gran variedad de momentos en la vida de las familias, personas y comunidades. Se pueden celebrar cada vez que hay necesidad de la oración de la Iglesia y de la bendición de Dios.
En efecto, la problemática acerca de los sacramentales engloba todo el complejo tratado sobre la relación de Dios con nosotros, y de nosotros con los demás, y se han de traducirse en compromisos que vayan siendo tranformaciones concretas de las realidades temporales.
El esfuerzo por recuperar la verdadera identidad de los sacramentales tiene un gran interés, ya que constituyen un amplio capítulo de la ritualidad de la iglesia. Frente a esta problemática, que implica directamente toda la vida litúrgica de la comunidad eclesial, es indispensable redescubrir el sentido más auténtico de los sacramentales.

Necesidad de una catequesis adecuada

En estos días, en que la mayoría de las parroquias hemos programado la vida parroquial conforme al Plan Diocesano de Pastoral, es inprecindible que aquellas metas en las que se manifiesten los signos y ritos de los sacramentales –ceniza, adoración de la cruz, bendición de palmas, viacrucis– y toda celebración comunitaria acompañada de estos símbolos, sea preparada con una buena catequesis y manifiesten así un sentido más profundo y nos dispongan de tal manera que la vivencia de los Sacramentos, memorial de la Pascua que se avecina, los vivamos plenamente.

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