Fiesta de la Asunción de María, patrona de la catedral de Tepic

+Luis Artemio Flores Calzada
VIII Obispo de Tepic

“María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada al cielo en cuerpo y alma a la Gloria celestial”.
En esta fiesta celebramos el triunfo total de nuestra Madre Santísima. Al llegar el final de su vida aquí en la tierra, su cuerpo no sufrió la corrupción, sino que fue glorificado como el de su Hijo Jesús. Ella fue preservada del pecado Original, por eso es Inmaculada; y fue preservada de la corrupción, por eso fue glorificada, llevada al cielo en cuerpo y alma.
Como Cristo triunfó sobre la muerte, también la Virgen María, la Madre de Jesús, por un privilegio especial fue preservada de la corrupción de la muerte. Y un día también nuestro cuerpo, aunque pasará por la corrupción, será resucitado glorioso como el Cuerpo de Cristo y de María. La glorificación de María es un anticipo de nuestra glorificación.
Toda la vida de María fue un itinerario de fe, de esperanza, de amor y de obediencia al plan de Dios; ejemplo para nosotros.
Sobre la Asunción de la Virgen María encontramos varias enseñanzas en los Padres de la Iglesia y en el Magisterio; cito algunas:
-¡Qué hermosa y bella es la Virgen María, que partió de este mundo para ir hacia Cristo!
-El cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino que triunfó a ejemplo de su Hijo y fue glorificada en el cielo.
-Convenía que Aquella, que había llevado al Creador como un niño en su seno, tuviera después su mansión en el cielo (San Juan Damasceno).
-El cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal (San Germán de Constantinopla).
-María obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias; alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el Rey inmortal de los siglos (Constitución Apostólica “ Munificentissimus Deus”, del Papa Pio XII , 1950).

You might also like More from author

Comments are closed.