Diagnóstico pastoral de una Diócesis

Pbro. Armando González Escoto

¿Cómo va una Diócesis? Esta es una pregunta común en el medio eclesiástico tan abierta y general que puede contestarse sin problema con una de las tres clásicas alternativas: bien, mal o regular; respuesta que en el fondo no dice nada, y que no lleva a mucho, sobre todo si no se sabe decir por qué se responde que bien, mal o regular.
¿Cómo entonces se evalúa una Diócesis? Toda institución del tipo y carácter que sea, se evalúa de acuerdo no a sus planes y programas, sino de acuerdo a sus resultados concretos, lo cual lleva a calificar la idoneidad de sus estructuras y el modo en que éstas están funcionando para explicarse el porqué de los resultados obtenidos.
Una Iglesia Particular existe para comunicar vida; si esto no sucede o se da de manera limitada, inconstante, o inaccesible; habrá que preguntarse acerca de la condición de sus medios; es como cuando la abundante agua de un enorme tinaco de pronto no fluye por la regadera: ¿será que la tubería está tapada o rota?, ¿que las llaves no sirven?, ¿que la regadera se haya bloqueada, de forma que sólo deja escapar uno que otro chis guete? Cuando la vida deja de comunicarse o se limita, la gente va y la busca en otras partes, sea a otras parroquias, o incluso en otras religiones, lo cual revelaría que algo no está funcionando en la diócesis evaluada.
La vitalidad de una Iglesia se muestra además en la sensibilidad con la que se acerca a los grandes problemas que afectan a la sociedad, en la riqueza y eficacia de sus propuestas ante problemas tan cruciales como serían hoy día la inseguridad, las adicciones, la violencia y disgregación familiar; la migración, las cuestiones de género, la gente en situación de calle, el pandillerismo, la corrupción, la impunidad, la grave confusión valoral… realidades que no se resuelven con respuestas generales o propuestas tan amplias que finalmente no resuelven nada.
En efecto, ante estos y muchos otros problemas, alguien puede decir que la respuesta es “evangelizar”, resultando algo parecido a querer apagar un incendio diciendo que se debe educar a la gente para que no vuelva a suceder, mientras que el incendio sigue su curso.
Hoy día casi todas las diócesis desarrollan planes, mismos que son evaluados sin que presenten falla; acaso porque tales planes consisten en hacer una serie de cosas muy realizables, pero de pocas consecuencias.
La salud y vitalidad de una Diócesis se considera buena cuando deja de perder fieles, cuando recupera espacios, cuando logra incidir en nuevos areópagos, cuando amplía el número de sus propuestas de solución a problemas concretos y éstas dan resultado; cuando se eleva notablemente la calidad de todos sus integrantes, cuando se manifiesta unida y coherente, creativa, dinámica e innovadora, rompiendo inercias, burocratismos inútiles, y síndromes de pérdida, ganándose con hechos el respeto de los no creyentes, tal y como fue la comunidad cristiana primitiva, características sin las cuales nunca habría salido de las sacristías de Jerusalén.

 

You might also like More from author

Comments are closed.