Celebrar a los laicos

Pbro. Arturo Arana López, Vicario de Pastoral

Con mucho entusiasmo y alegría se ha celebrado el día del Laico en la Diócesis de Tepic. y se celebra desde hace casi una década, cuando monseñor Ricardo Watty Urquidi, de feliz memoria, estableciera un día para celebrar esta vocación de todos los bautizados, incluso de quienes pertenecen al “orden sacerdotal”, pues primero fueron laicos y ahora engendran laicos en cada bautizo, y además pastorean a todo el pueblo de Dios.
La mesa directiva del Consejo Diocesano de Laicos, donde convergen hasta el momento todos los coordinadores de Movimientos y asociaciones laicales con reconocimiento en nuestra diócesis, es el organismo que ha venido promoviendo esta celebración y festejo. Algunas veces en la fecha original instituida por el séptimo obispo de Tepic –el tercer sábado de julio– y otras veces celebrada en octubre, queriendo evitar las lluvias.

Para transformar el mundo

El Papa Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica Postsinodal Christifideles Laici, algunos años después del Concilio Vaticano II, declaró en los últimos párrafos del número 9 que: “Al dar una respuesta al interrogante «quiénes son los fieles laicos», el Concilio, superando interpretaciones precedentes y prevalentemente negativas, se abrió a una visión decididamente positiva, y ha manifestado su intención fundamental al afirmar la plena pertenencia de los fieles laicos a la Iglesia y a su misterio, y el carácter peculiar de su vocación, que tiene en modo especial la finalidad de «buscar el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios». «Con el nombre de laicos —así los describe la Constitución Lumen Gentium— se designan aquí todos los fieles cristianos a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso; es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el Bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes a su modo del oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos les corresponde».

Sarmientos radicados en Cristo

Ya Pío XII decía: «Los fieles, y más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por tanto ellos, ellos especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del Jefe común, el Papa, y de los Obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia (…)».
Según la imagen bíblica de la viña, los fieles laicos —al igual que todos los miembros de la Iglesia— son sarmientos radicados en Cristo, la verdadera vid, convertidos por Él en una realidad viva y vivificante.
Es la inserción en Cristo por medio de la fe y de los sacramentos de la iniciación cristiana, la raíz primera que origina la nueva condición del cristiano en el misterio de la Iglesia, la que constituye su más profunda «fisonomía», la que está en la base de todas las vocaciones y del dinamismo de la vida cristiana de los fieles laicos. En Cristo Jesús, muerto y resucitado, el bautizado llega a ser una «nueva creación» (Ga 6, 15; 2 Co 5, 17), una creación purificada del pecado y vivificada por la gracia.
De este modo, sólo captando la misteriosa riqueza que Dios dona al cristiano en el santo Bautismo es posible delinear la «figura» del fiel laico.

Celebración con tinte social
La celebración del día del laico tuvo actividades evangelizadoras, religiosas, sociales, culturales, artísticas, conferencias y convivencia festiva durante la semana que corrió del 16 al 21 del pasado mes de julio, en las siguientes comunidades: la colonia Hermosa Provincia, la colonia el Ocho, la Galera de arriba en Xalisco, y el culmen fue en la parroquia de San Pedro y San Pablo en la ciudad de Tepic, sede de la Iglesia diocesana.
Esta meta programada por el CODILA (Consejo Diocesano de Laicos), se desarrolló con bien, pero sigue siendo un reto ampliarla hacia toda la diócesis; se requiere integrar a todas las comisiones de pastoral, a todas las parroquias, y por supuesto a todos los presbíteros, pues ellos como pastores pueden y deben promover con más ahínco esta vocación tan hermosa que hace posible la presencia y construcción del Reino en todos los ambientes de la vida.

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